Introducción al Sistema General

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Introducción al Sistema General

Magdalena Grau i Figueras

Agustí Chalaux i de Subirà

Colección: Bullae 6 - 3a edición: Barcelona, 24 de noviembre de 2008

Licencia: Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0


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ÍNDICE:

Capítulo 1. PRESENTACIÓN
1. ¿Qué es el «Sistema General»?
2. Ideales
3. Práctica Política
4. «Ciencia»
5. El instrumento monetario pro-telemático
6. Llamada
Capítulo 2. LA SITUACIÓN ACTUAL
1. Situación social y económica
2. La era de la abundancia, aplazada
3. La inflación
4. El paro
5. Anticivilización
Capítulo 3. UNA HIPÓTESIS RESOLUTORIA: EL «BIEN COMÚN MERCANTIL»
1. El procedimiento «científico»
2. La historia del utilitarismo humano
3. La hipótesis de trabajo
4. La medida
5. Consecuencias de la hipótesis
Capítulo 4. UN PROGRAMA POLÍTICO ALTERNATIVO: LAS NUEVAS ESTRUCTURAS BÁSICAS
1. De la arquia
2. De la riqueza comunitaria
3. De la sociedad utilitaria
4. De la sociedad liberal
5. De la seguridad colectiva
6. De la sociedad trascendente




Capítulo 1. PRESENTACIÓN

1. ¿Qué es el «Sistema General»?

Entendemos por «Sistema General», simplemente, una elaboración teórica «científica» sobre medida y estrategia (conducción de mercado, acompañada de un instrumento técnico para la aplicación de esta teoría a la realidad cotidiana del mercado.

Pero sucede que la adopción del «Sistema General» en cualquier «comunidad imperial de naciones»1, es una opción claramente política: ya autopolítica, ya antipolítica2; porque su aplicación en el mercado viene a dar solución a muchos de los actuales problemas de mercado y de sociedad. Y decimos autopolítica o antipolítica, porque el «Sistema General», por ser «científico» es inerte, y por tanto puede ser utilizado de muchas maneras, en función de ideales y de intereses muy diversos; de hecho, el «Sistema General» ya es aplicado por los poderes actualmente establecidos, y no precisamente en beneficio del pueblo, sino según una opción inteligente y cínicamente antipolítica.

Debe distinguirse, pues, radicalmente:

  1. de un lado, el «Sistema General», elaboración «científica» e instrumento técnico;
  2. de otro, los ideales inspiradores y la práctica política basada en la aplicación del «Sistema General»: nada hay aquí de «científico».

Nos referiremos primero a estos últimos (ideal y práctica política) y después a los dos primeros («ciencia» e instrumento técnico).


2. Ideales

Nuestros ideales, nuestras fulgurancias éticas-trascendentes de omnisolidaridad con todos los hombres; la utopía persistente del género humano hacia un porvenir más libre, donde la felicidad nacerá de la intimidad misma de cada persona..., son la energía misma del espíritu.

Esta energía se opone radicalmente al «mayor pecado contra el espíritu» que es la «cosificación de las personas»; y, tarde o temprano, (mejor ahora que luego), hará realidad el deseo permanente de colocar la persona humana, y no la riqueza material, el poder o cualquier otra «cosa», como finalidad motriz del desarrollo de los imperios de la tierra.


3. Práctica Política

En función de estos ideales, asumimos una práctica política: la de la defensa y promoción de todas las concretas libertades humanas.

Las líneas esenciales de nuestro programa son dos:

  • «dialéctica» entre la arquía y la anarquía;
  • «dialéctica» entre el bien común y el bien privado.

Nos colocamos así en una tercera vía autosocial, en un camino alternativo a los dos modelos antisociales, ya definitivamente fracasados, que todavía funcionan, heridos de muerte, en nuestros días.

Queremos conseguir por el aumento del «poder humano sobre las cosas», la desaparición pacífica de «todo poder sobre las personas», y, como consecuencia, la desaparición de toda miseria y marginación antisocial: estas son las traducciones prácticas de los dos principios de «dialéctica» enunciados.


4. «Ciencia»

La práctica política que proponemos se fundamenta, como ya hemos dicho, en la aplicación del «Sistema General».

En tanto que «científico», el «Sistema General» está articulado alrededor de una hipótesis pro-científica, hipótesis que es fruto del esfuerzo investigador de muchos años y de muchas personas.

Esta hipótesis central del «Sistema General» es la de la existencia en el mercado privado, de un «bien común» escondido, fácilmente repartible a todos de manera equitativa, pero hasta ahora ilegítimamente apropiado por algunos ricos y poderosos muy sutiles en su «mando oculto, por el dinero ANÓNIMO, de cada uno y de todos los imperialismos históricos de la tierra», que Platón llamaba plutarquía.

Esta hipótesis tiene un alto grado de probabilidad teórica, pero además, explica las enormes fortunas de los grandes banqueros mundiales y los cada día más enormes déficits de los presupuestos estatistas.

Su confirmación experimental —mediante la simple reforma monetaria que proponemos, como se verá más adelante— será la base para la construcción de una nueva sociedad, de una nueva forma de vida.

Pero suponiendo la infirmación (no confirmación) científica y práctica de la hipótesis, aún quedaría de esta reforma monetaria algo extraordinariamente importante:

  1. un libre mercado claro (conjunto de todos los libres cambios monetarios elementales);
  2. una libre sociedad transparente de todos los libres «contratos liberales» que impliquen el uso de moneda;
  3. una drástica simplificación fiscal.

Sólo con estas tres realizaciones prácticas seria suficiente para poder luchar autopolíticamente contra la actual plutarquía indígena, transnacional y mundial.


5. El instrumento monetario pro-telemático

Para poner a prueba nuestra hipótesis y hacer posible la puesta en marcha del programa político, contamos con un instrumento esencial: la factura-cheque. Nos es preciso ante todo una reforma monetaria —ya que la moneda es el instrumento de medida del mercado imprescindible para poner a prueba cualquier hipótesis sobre mercado—.

La moneda actual:

a) es anticientífica; por tanto, no nos permitirá comprobar la validez de nuestra hipótesis;
b) por ser anónima es corrupta y corruptora, permite toda clase de juegos sucios; por ello, no nos permitiría —ni permitirá nunca a nadie— poner en práctica ningún programa político con un mínimo de honradez.

Proponemos, por lo tanto, como instrumento esencial de nuestra propuesta, la implantación de una nueva moneda, la «factura-cheque» telemática, «científica» y personalizadora, que instaurará la era del libre mercado claro y de la libre sociedad transparente, en que, no ya la hipótesis ahora y aquí propuesta, sino cualquier hipótesis pro-«científica» podrá ser rápidamente confirmada o infirmada, y en que el juego sucio será prácticamente imposible. Eso hará no necesaria, pero sí posible, la inauguración de una sociedad más libertaria —es decir que proteja y fomente las libertades fenoménicas concretas de las personas concretas— y más libre —es decir, que proteja y fomente las libertades ideales, trascendentes, también concretas, de las personas concretas—.


6. Llamada

Quede bien claro que nuestra propuesta no se presenta ni como «verdad» cerrada, ni como panacea definitiva, sino como un instrumento para poder confirmar o infirmar cualquier hipótesis pro-«científica» a través de la correspondiente y prudente experimentación social; por este motivo estamos abiertos a la colaboración y a la crítica por parte de todos y agradeceremos cualquier observación o sugerencia que se nos quiera dirigir; nuestro agradecimiento será tanto más sincero y amigable cuanto más objetivamente severa sea la crítica.

Finalmente, debe decirse que lo que proponemos se está poniendo en práctica por otros —los dueños y plutarcas del mundo contemporáneo—, pero no en nuestro provecho. Es preciso movilizar, pues, toda la energía revolucionaria disponible. Aquello que es técnicamente posible, llegará a ser realidad concreta tan pronto como un pueblo esté íntimamente convencido de esta posibilidad; y ello, por simple energía íntima de este pueblo, y sin ninguna necesidad de acudir a la violencia.

La violencia como única fuerza generadora de revoluciones sociales, no deja de ser un falso mito; lanzamos, pues, desde aquí una llamada a la revolución de no violencia inteligente y activa de todos los pueblos de la tierra contra toda miseria material, ya que esta es la peor y más criminal violencia que se pueda imponer sobre sus personas comunitarias.


Capítulo 2. LA SITUACIÓN ACTUAL

1. Situación social y económica

Vivimos unos tiempos de crisis profunda: crisis antisocial, crisis antieconómica, crisis de anticivilización. Los problemas que nos asedian: paro, inflación, recesión,... marginación, violencia (la peor forma de violencia es la miseria impuesta a los pequeños y a los débiles),... corrupción generalizada (incluidos los politicastros, prácticamente toda la clase política y además toda la «burrocracia» en peso),... se suman creando una situación para la cual nadie acierta a encontrar una solución eficaz.

Los problemas surgen tanto desde el «bloque capitalista» como desde el «bloque comunista» (y no hablaremos ya de los terribles problemas del Tercer Mundo); entre la «libertad mercantil injusta» de unos y la «justicia planificada sin libertad» de otros, numerosos intentos de vías alternativas surgen incesantemente: socialdemocracia, cooperativismo, autogestión, georgismo, Yugoslavia, la primavera de Praga, Irán de Bani Sadr, Nicaragua, Solidaridad,...

La crisis económica es especialmente sentida y temida en nuestros días, por lo menos en el bloque occidental. A los dos «diablos» del paro y la inflación se añade el problema de la justa distribución de la riqueza producida (en las pésimas condiciones monopolísticas-antieconómicas actuales) y tecnológicamente producible.


2. La era de la abundancia, aplazada

Potencialmente, vivimos ya en la era de la abundancia material, gracias al enorme progreso tecnológico de los últimos siglos, y muy especialmente del nuestro. La capacidad productiva de la humanidad es inmensa; sería posible, ya, satisfacer las necesidades mínimas, físicas y culturales, de toda persona humana. En vez de utilizar este potencial en beneficio de los pueblos:

  • los intereses creados de algunos impiden poner en práctica nuevas y revolucionarias tecnologías productivas, ya a punto;
  • las economías están en recesión (descenso del ritmo de crecimiento económico) debido a la irracionalidad de los mecanismos de mercado, controlados asimismo por intereses creados; muy especialmente, el elevado precio del dinero impide la inversión en los sectores productivos.

Nuestras sociedades, pues, potencialmente abundantes, viven paralizadas por los intereses de unos pocos y en contra de los de la mayoría.


3. La inflación

La inflación es una de las plagas de nuestro tiempo, uno de los síntomas más temidos de la crisis. Explicado de modo muy sencillo, podemos decir que consiste en el hecho de que la cantidad de dinero en circulación excede de la cantidad de mercaderías producidas (medidas en dinero); el mercado está «inflado» de moneda, y, en consecuencia esta pierde poder adquisitivo.

Aunque esto sea anticiparnos a nuestra hipótesis de trabajo, diremos que la causa de la inflación es la invención incontrolada de dinero por parte de los banqueros, y su consiguiente apropiación fraudulenta (por los mismos banqueros). Como que este mecanismo se produce en las «altas esferas», y se alimenta muy especialmente del movimiento de dinero en el vacío (es decir, sin movimiento correlativo de mercancías concretas), debe comprenderse que el aumento de precios y salarios, al que suele atribuirse la inflación no es más que una manifestación secundaria, de muy poca importancia, y, además, muy fácilmente controlable. La función de esta «espiral de precios y salarios», en la antieconomía histórica y actual, es la de hacer pagar a los pobres los enormes e ilegítimos provechos que los grandes especuladores «en el vacío» obtienen del dinero inventado por ellos y sus cómplices estatistas, a contracorriente de las necesidades y exigencias del mercado.


4. El paro

El paro es el otro azote de la época en que nos ha tocado vivir, pero respecto al mismo, es preciso ser clarividentes y aceptar los hechos que se nos imponen inexorablemente: el paro es un fenómeno inevitable, consecuencia de los grandes avances tecnológicos que hacen posible producir cada vez más y con menos mano de obra. El paro tiende a crecer en todas las sociedades industriales tecnológicamente avanzadas; no es en su disminución que ha de buscarse la solución del malestar económico, sino que es preciso buscar vías más inteligentes.


5. Anticivilización

La crisis que padecemos es, pues, cínicamente provocada por los poderosos, y sirve para mantener subyugados a los débiles. El malestar facilita la perpetuación de la tiranía y del poder sobre las personas.

De esta manera toda crisis de antieconomía se traduce en una crisis de anticivilización: la corrupción instalada en el poder genera corrupción hasta en los niveles más bajos de la escala social; las castas dominantes generan legiones de marginados; la violencia de la opresión genera multitud de otras violencias; y, finalmente, el subyugado llega a ser a la vez víctima y cómplice de su opresor, y, nadie adivina ya la posibilidad de un estado de cosas completamente diferente. Es la alienación total.


Capítulo 3. UNA HIPÓTESIS RESOLUTORIA: EL «BIEN COMÚN MERCANTIL»

Presentamos ahora nuestra respuesta a esta situación. Como ya hemos anunciado, se trata de una hipótesis pro-«científica»; no estará de más que repasemos en que consiste esto que llamamos «ciencia».


1. El procedimiento «científico»

En lugar de «ciencia», hablaremos, más técnicamente, de «empirismo fenomenológico pro-experimental». Esta misma expresión tan enrevesada nos servirá para explicar su naturaleza:

a) Empirismo fenoménico: entendemos por «empirismo» la captación y observación de las realidades concretas, tanto las interiores como las exteriores a nuestra persona.
Hay dos tipos de empirismos:
  1. el empirismo «fenoménico» es el que capta y observa los hechos (interiores o exteriores) que se nos aparecen de forma sensible, dentro de las coordenadas de espacio y tiempo. Es el empirismo psicosomático, del «cuerpo» y del «alma».
  2. el empirismo «nouménico» o «metafísico»3 es el que capta y observa los hechos que permanecen fuera de toda posible experiencia sensible (psicosomática), estos hechos se inscriben únicamente en nuestro tiempo espiritual-interior. Es el empirismo del espíritu, de los hechos «en espíritu puro», que trascienden casi infinitamente nuestro caos-cosmos psicosomático-fenoménico.
La «ciencia» es exclusivamente empírica-fenoménica: se ocupa únicamente de fenómenos, o sea, de «realidades aparentes-sensibles», que son captadas por observación directa (a través de nuestros sentidos), o por observación indirecta a través de los documentos legados por el pasado o registrados por instrumentos cada vez más perfeccionados); los ejemplos de observación indirecta son muy fáciles: la prehistoria comienza con el estudio de los vestigios dejados por el hombre primitivo; una serie de aparatos complejísimos permiten la observación indirecta de los átomos; etc.
b) Lógica: la lógica es un «artificio intelectualista», un instrumento (artificial) de pensamiento abstracto, que no tiene nada que ver con la inteligencia concreta. Este artificio requiere, como condición indispensable, la construcción de un lenguaje propio, rigurosísimo y estrictamente unívoco (eso es, un único significado, a lo largo de todo el discurso, para cada elemento de este discurso).
La lógica consta de dos subdisciplinas:
  1. analítica de los contenidos: la «ciencia» se sirve de ellos para conseguir, mediante la teoría de los conjuntos homogéneos, delimitar con precisión su objeto de estudio;
  2. logística de continentes, o cálculo lógico: es un lenguaje absolutamente vacío de contenidos, que dispone de unas «reglas de cálculo» para construir proposiciones correctas. La ciencia toma estas reglas y las aplica a los datos que ha obtenido por observación y experimentación repetida y esmerada, de la realidad fenoménica. Llega así a formulaciones «lógicamente correctas» (correctas según corrección lógica).
c) Pro-experimental: finalmente, es preciso que la «ciencia» ponga a prueba estas formulaciones obtenidas según cálculo lógico, contrastándolas con la realidad práctica y concreta. Esta contrastación de las adquisiciones teóricas es la experimentación —que es a veces técnicamente muy sofisticada—.

Tomando en consideración estas tres «características» de la «ciencia», podemos establecer el procedimiento o método científico como sigue:

  • En primer lugar, es necesario reunir todos los datos empíricos y experimentales posibles sobre el fenómeno objeto de estudio.
  • En segundo lugar, el «científico», por un acto de creación intelectualista, emite una hipótesis, es decir, un enunciado aleatorio que explica de manera coherente —sin contradecir ninguna ley lógica— todos los datos reunidos anteriormente.
  • En tercer lugar, el «científico» ha de poner a prueba esta hipótesis mediante un experimento que contrastará su enunciado con la realidad objetiva: así la hipótesis será confirmada o infirmada. En esta experimentación, es imprescindible tener a punto un instrumento de medición del fenómeno en estudio, para que la comparación entre el comportamiento hipotético (según la hipótesis) y el comportamiento real del fenómeno elemental estudiado sea precisa, exacta.

Digamos aquí que cualquier científico considerará que es «un vulgar cínico» todo otro científico que se oponga —por motivos manifiestamente subjetivos y con procedimientos desleales de autoritarismo, negativa de financiación, etc,— a una experimentación técnicamente posible y capaz de confirmar o infirmar experimental-estadísticamente una hipótesis de trabajo importante y probable.


2. La historia del utilitarismo humano

Por «utilitarismo» entendemos el conjunto de fenómenos relacionados con la satisfacción de las necesidades humanas; la economía no es más que una cierta forma de autoestrategia utilitaria: el utilitarismo humano equilibrado.

Las disciplinas prehistóricas y etnológicas, cuando se especializan interdisciplinariamente en cuestiones de utilitarismo, nos proporcionan una información muy interesante para nuestro tema de estudio. ¿Porqué? Porque la problemática de nuestro tiempo tiene raíces muy hondas en el pasado, y por eso el estudio del pasado utilitario del hombre nos puede dar luz sobre el presente. Antes de poder emitir una hipótesis sobre el mercado actual, nos será preciso reunir toda la documentación empírica fenoménica posible no sólo sobre el mercado actual, sino también sobre el utilitarismo del pasado. (Debe recordarse aquí que esta documentación empírica-fenoménica sobre el pasado es siempre muy parcial, ya que no disponemos de documentos sobre la totalidad de los hechos pasados; por otro lado, a partir de estos documentos parciales el historiador emite hipótesis que pueden ser más o menos plausibles y más o menos probables, pero que son hipótesis al fin y al cabo).

Del pasado utilitario del hombre nos interesa aquí, retener los siguientes hechos hipotéticos:

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Bulla
  1. La aparición progresiva a partir de primitivas formas de propiedad «nación comunitaria», de formas de propiedad privada, la cual se ha ido extendiendo cada vez más para acabar siendo predominante.
  2. La invención, en tiempos neolíticos, de la moneda, instrumento de medida —y como tal abstracto— del valor de cambio de las mercancías concretas. Fue probablemente el primer sistema de medida4 inventado por el hombre, al cual siguieron e imitaron todos los demás, asimismo radicalmente abstractos, (calendario, unidades de longitud y superficie, volumen...).
  3. La invención, hacia el milenio III aC., en Mesopotamia, de la moneda concreta metálica, forzosamente anónima, y, por lo tanto, corrupta y corruptora: esta moneda sustituyó a la anterior moneda de cuenta abstracta en las transacciones de la «gente corriente», de la gente «no iniciada en las complejidades del sistema bancario». Esta sustitución de la antigua moneda de cuenta abstracta por la nueva moneda concreta, forzosamente anónima, se produjo en todos los imperios antiguos más tarde o más temprano, iniciando en todos ellos el paso a una era, ya no imperial, sino imperialista5.
  4. No obstante, los grandes banqueros de todos los imperialismos continuaron utilizando la antigua moneda abstracta para sus operaciones más suculentas: gracias a esta moneda podían «inventar» dinero (es decir, conceder créditos sobre reservas que no tenían efectivamente), dinero que luego se les devolvía bajo forma real y efectiva. Es en este juego subterráneo y desleal de los grandes banqueros y plutarcas del mundo entero donde hemos de concentrar nuestra atención, si queremos entender algo de lo que está sucediendo en la actualidad.

A partir del conocimiento de estos hechos capitales, estamos a punto para emitir una hipótesis sobre el mercado actual.


3. La hipótesis de trabajo

La formularemos de una manera intuitiva, sin entrar en mayores precisiones. Decimos que «del utilitarismo cambiario», (es decir de mercado) privado, surge, automáticamente, por la rica interconexión de las vocaciones, empresas, invenciones,... un nuevo utilitarismo comunitario, bajo forma de excedentes de producción y de excedentes de cc/cc (cuentas corrientes).

Un muy rudimentario (y no definitivo) análisis y matematización de la hipótesis expuesta —una matematización, es decir, logicización, perfecta de la hipótesis es el requisito indispensable del procedimiento «científico», como hemos visto antes— nos lleva a:

1. Analizar el mercado en dos sectores complementarios que llamaremos «Pu» (producción = conjunto de todos los bienes utilitarios producidos) y «Hpu» (hacienda privada = conjunto de todas las fuerzas utilitarias productoras privadas, que son el trabajo, el capital, la empresa y el invento).

2. Formular nuestra hipótesis de la siguiente manera: esto es, la producción dividida por la hacienda privada da siempre una cantidad superior a 1, lo cual quiere decir que la producción es mayor que la hacienda privada.


    Pu

---------- > 1

    Hpu


Esto significa pues que la diferencia entre la producción y la hacienda privada es siempre mayor que cero.


Pu - Hpu > 0


Esta diferencia entre Pu y Hpu es precisamente el «bien común segundo» que postulamos, y que llamamos «hacienda comunitaria»: esto es, la diferencia entre la producción y la hacienda privada es igual a la hacienda comunitaria.


Pu - Hpu = Hku


El «bien común mercantil» hipotético se nos presenta bajo forma de unos excedentes de producción por encima del poder de compra privado (o hacienda privada, ya que el poder de compra privado está constituido por la retribución salarial a las fuerzas productoras privadas) y de excedentes de cuentas corrientes (saldos positivos en cada cierre de ejercicio).

Estos excedentes son el fundamento de la invención de dinero, actividad hasta ahora reservada a los banqueros, pero que nosotros queremos poner en común «imperialización» Se puede inventar tanto dinero como excedente mercantil exista; por otro lado, la invención de dinero en la medida exacta correspondiente al «bien común mercantil» o excedente de mercado es la condición de la salida de las crisis inflacionistas-deflacionistas, ya que supone el retorno al equilibrio de mercado, equilibrio entre producción total y hacienda total, expresado por la fórmula:


      Pu

-------------- = 1

  Hpu + Hku


El equilibrio se conseguirá creando la hacienda comunitaria complementaria de la hacienda privada, que constituya la retribución adecuada de las fuerzas de producción comunitarias.


4. La medida

Como ya hemos anunciado, para la verificación de nuestra hipótesis necesitamos un sistema de medida de los fenómenos elementales del mercado. Estos fenómenos elementales son los cambios; precisamos pues un sistema capaz de medir los cambios mercantiles, —esto es, medir el valor de intercambio de las mercaderías concretas—; este sistema ya existe, y no es otro que la moneda.

Efectivamente, la moneda fue concebida, en sus inicios, como instrumento de medida abstracta del valor de cambio de las mercaderías concretas: la moneda de los imperios antiguos y de algunos pueblos primitivos actuales no tiene, como moneda, ningún valor intrínseco, sino que sirve únicamente para calcular el valor de todas las mercaderías en relación a ella, a través de un sistema de equivalencias más o menos fijadas. Por ejemplo:


Si 10 sacos de trigo equivalen a 1 cordero

y 2 cerdos equivalen a 1 cordero,
se podrá cambiar 10 sacos de trigo por 2 cerdos,
o 5 sacos de trigo por 1 cerdo.


El «cordero animal concreto» no aparece por ninguna parte, sino que se trata aquí de un «cordero unidad de medida abstracta».

En un estadio más evolucionado, los antiguos imperios inventaron la contabilidad, que permite sustituir el intercambio directo (trigo por cerdos), llamado «trueque», por un intercambio diferido en el tiempo y el espacio gracias al juego de los asientos contables («cuentas corrientes»).

En el caso de Mesopotamia, durante el milenio III aC., se generalizó el uso de la moneda metálica, forzosamente anónima, que ya no es abstracta, y por lo tanto no permite la medida informativa-exacta de los actos de mercado; esta moneda metálica ha perdurado hasta el año 1914, año en que el sistema «metalista» entró en crisis —el motivo fue el siguiente: a causa de los gastos de la guerra, los estados europeos se habían quedado sin reservas en metálico; a pesar de esto, la guerra continuó hasta 1918 gracias a la circulación de papel-moneda de curso forzoso, inventado—; no obstante, paralelamente, los grandes banqueros han seguido utilizando la primitiva moneda de cuenta abstracta. Hoy, prácticamente, todo el mundo sabe que la moneda no tiene ningún valor en ella misma; pero el «billete de banco» no cumple aún todos los requisitos que harían del mismo un auténtico sistema métrico, ya que sigue siendo, como su predecesora, la moneda metálica:

  • anónimo, por lo tanto, antidocumentario: no deja ningún documento referente a quien realiza la transacción; no deja rastro;
  • uniforme, por lo tanto antianalítica: no deja ningún documento referente a qué, cuanto, cuando,..., se intercambia;
  • dinámico, móvil, por tanto antiestadístico: una misma moneda sirve para muchas transacciones diferentes, pasa de mano en mano sin control ni documento.

Necesitamos pues retornar a una moneda escritural de cuenta abstracta que sea:

  • personal;
  • diversificada en función de las características de cada transacción;
  • cerrada en cada transacción, esto es, que sólo pueda servir una única vez, para una única transacción o acto mercantil elemental.

Sólo así contaremos con un verdadero instrumento de medida omniinformativo: la «factura-cheque», documento que registra una transacción mercantil y a la vez instrumento monetario único que avisa, una vez firmada, del pago de la factura. Evidentemente, la implantación de la «factura-cheque» supone la radical desaparición de los actuales «pseudobilletes de banco» y de todos los instrumentos y documentos monetarios escriturales auxiliares basados en ellos.

Para poner en práctica la factura-cheque que proponemos, contamos con una técnica actualísima, que se adecua perfectamente con nuestros objetivos: la telemática —es decir, telecomunicaciones más informática, ordenadores reunidos en una red interconectada—. La telemática permite, no sólo la emisión de «facturas-cheque» con gran facilidad y rapidez, sino también su automática centralización a fines estadísticos.

La moneda telemática —cifras en cuenta corriente que se mueven automáticamente por ordenador dejando cada vez un documento exhaustivo del movimiento— permitirá poner a prueba nuestra hipótesis sobre el mercado y, en general hará posible convertir el estudio de mercado en una ciencia completamente experimental.


5. Consecuencias de la hipótesis

En el caso de que nuestra hipótesis se confirmara, se abrirían ante nosotros nuevas y revolucionarias posibilidades: el «bien común mercantil», hasta ahora usurpado a todos los pueblos por los banqueros —que se han apropiado la capacidad de inventar dinero— podría pasar a ser patrimonio comunitario del imperio.

El «bien común mercantil» está basado en los excedentes de producción; estos excedentes no son atribuibles al esfuerzo productivo privado, ya que son precisamente excedentes por sobre del poder de compra privado, que es la retribución a las fuerzas productoras privadas (los salarios); se trata pues, verosímilmente, de un excedente de origen comunitario, atribuible a la acumulación histórica de esfuerzos comunitarios indirectamente productivos: la sabiduría, la paz, la cultura, la educación, el desarrollo técnico de una nación, etc., son quizás algunos de los factores, además de la libertad mercantil, que pueden dar explicación a este hecho sorprendente.

Si este excedente es de origen comunitario, es necesario imperializarlo. La «imperialización» que proponemos no es la de los excedentes concretos de producción, sino la de la capacidad de la invención dineraria equivalente a estos excedentes. La iniciativa de invención de dinero ha de pasar a ser patrimonio del imperio, a través de la gestión del Estado, su gerente. El Estado (recordémoslo: gerente) podría inventar dinero:

a) para estimular una mayor y mejor producción;
b) para cubrir las necesidades de todos los que están fuera de la sociedad «utilitaria» (del mercado): profesionales utilitarios en paro, retirados,..., vocacionales liberales,..., marginados,...

La repartición equitativa de este «bien común mercantil» es el arma fundamental de nuestro programa político.


Capítulo 4. UN PROGRAMA POLÍTICO ALTERNATIVO: LAS NUEVAS ESTRUCTURAS BÁSICAS

A partir de una supuesta toma del poder y de una supuesta confirmación experimental de nuestra hipótesis —una vez implantada la factura-cheque pro-telemática—, proponemos un programa político alternativo a las «modas» actuales, pensado para llevar a término nuestros objetivos esenciales, explicados en la presentación: la destrucción de todo poder sobre las personas y la desaparición de toda miseria. Queremos inaugurar una nueva era, la del «gobierno automático de las cosas al servicio incondicional de todas las personas».


1. De la arquia

Arquía significa «mando social supremo». El mando de los pueblos es la clave de bóveda del edificio social: es una institución noble y necesaria, que debe distinguirse del «poder» —«poder» viene del verbo latino «potere», que significaba originariamente «ser amo de» y, después, «ejercer poder sobre»; el mando y la autoridad, que se ejercen sobre las personas, no tiene nada que ver con el poder, el cual sólo puede ejercerse legítimamente sobre las cosas—.

El diálogo y la dialéctica entre arquía y anarquía implican la definición y delimitación de un campo en el cual se ejerce la arquía; todo aquello que está fuera de este campo es anárquico, es decir, no está sometido al mando social. Nuestro objetivo es ir estrechando cada vez más el círculo árquico e ir ensanchando el anárquico.

Con esta finalidad proponemos la constitución de:

a) un Estado con un ejecutivo monárquico (un Jefe de Estado único y personalmente responsable), fuerte y breve; y con un legislativo independiente del ejecutivo, que habrá de legislar leyes mínimas, y en el mínimo número posible.
b) una Justicia radicalmente independiente del Estado —ya que nadie puede ser juez y parte—, a través de presupuestos determinados en un tanto por ciento del «bien común mercantil» experimentalmente comprobado, y estructurados por la propia Justicia, constitucionalmente independientes de cualquier iniciativa o veto del Estado.
c) unas Repúblicas y Autoridades cívicas libremente confederadas y plenamente autónomas en el seno del Imperio.

Digamos aquí que entendemos por «Imperio» no otra cosa que una «comunidad geopolítica de naciones», es decir, un conjunto de personas (étnicas, colectivas, individuales) libremente confederadas para darse un único Estado y una única Justicia; pero que no por esto destruyen las espontáneas y expansivas libres instituciones cívicas intermedias.

Estas instituciones cívicas son de dos tipos:

  1. instituciones cívicas utilitarias: las empresas;
  2. instituciones cívicas liberales: todas las de mando cívico (desde el nivel de barrio hasta el nivel de antiguos imperios integrados en uno de más amplio); todas las instituciones liberales propiamente dichas (profesores, médicos, jueces, artistas,...); y todas las libres asociaciones ciudadanas de vocación no lucrativa.


2. De la riqueza comunitaria

Una vez implantada la factura-cheque, el posible «bien común mercantil» existente será automáticamente «imperializado»; esto quiere decir que el Imperio, a través de su gerente, el Estado, se reservará la capacidad de invención —y también de exvención (retirada) cuando sea necesario— de dinero comunitario.

Este monopolio árquico de invención y exvención de dinero comunitario será la base de una nueva ECONOMÍA, esto es, etimológicamente, de una «repartición equitativa (-NOMIA) (entre todos los miembros de la comunidad) del bien común producido (OIKOS)»: esta repartición equitativa tendrá por objetivos:

a) el fomento de la producción, a través de la concesión, a las empresas que demuestren su capacidad, de créditos a la inversión, para una máxima producción, de óptima calidad y con el mínimo esfuerzo y riesgo;
b) la desaparición de toda miseria y marginación por razón de dinero, a través de las «finanzas consuntivas» (dinero nacional-comunitario a fondo perdido) distribuidas entre toda la población en función de las necesidades físicas y culturales más perentorias de cada ciudadano, familia, etnia, etc.

Estas finanzas serán de los siguientes tipos:

  • sobresalarios sociales-vitales, individuales y familiares a toda la población, incluyendo asignaciones eventuales en determinadas circunstancias, para compra de bienes permanentes (vivienda, mobiliario,...)
  • seguro social para todos los trabajadores utilitarios (en caso de huelga, paro, lock-out; enfermedad, vejez...)
  • salarios sociales financieros para todos los vocacionales e instituciones liberales, lo cual implica:
  • gratuidad de todos los servicios liberales: Estado, Justicia, profesiones e instituciones liberales-cívicas.


3. De la sociedad utilitaria

El mercado o sociedad utilitaria recibirá un Estatuto propio que le otorgará una total y absoluta libertad y claridad; una legislación mínima se referirá a cuestiones como: precios mínimos de venta; publicidad; reducción del horario legal de trabajo; reforma aduanera y comercio exterior;...


4. De la sociedad liberal

La sociedad liberal, que se mantendrá exclusivamente de los «salarios sociales-financieros liberales», recibirá también su propio Estatuto, que igualmente le conferirá una máxima libertad en cuanto a la práctica vocacional y una máxima transparencia respecto a las necesarias transacciones monetarias que deban acompañar esta práctica.


5. De la seguridad colectiva

Las fuerzas armadas serán monopolio exclusivo del Estado, al servicio exclusivo de la comunidad geopolítica. Estarán compuestas de:

  1. Ejércitos (Imperial-profesional y cívicos étnicos e interétnicos), con la única misión de asegurar la defensa exterior de la comunidad;
  2. Policías (de seguridad federal; territoriales o de paz cívica; justiciales, comprendiendo la judiciaria y la penitenciaria), con la única misión de velar por la seguridad interior.


6. De la sociedad trascendente

Estas estructuras mínimas aquí esbozadas han de permitir el desarrollo de una nueva forma de vida, más humana, más libre: entramos ya en el campo de la «sociedad trascendente», en la que ninguna legislación es posible, ya que es completamente libre —aun cuando descansa sobre las sociedades «liberal» y «utilitaria»—. Lo necesario es poner la sociedad utilitaria y la liberal como motores al libre servicio de la sociedad trascendente, para hacer posible el desarrollo de ésta en plena libertad, ya que ella representa la energía interna, íntima, insustituible, de cada persona (étnica, colectiva, individual).



Notas:

1. «Comunidad imperial de naciones»: el significado de esta expresión se puede ver en «Comunidad geopolítica de naciones».

2. «Auto-» y «Anti-»: se trata de dos prefijos griegos. «Auto-» significa «mismo», por sí mismo, a partir del propio ser... espontánea y expansivamente, «naturalmente» ... «Anti-» significa «contra»; en nuestra terminología significará «lo contrario, deliberada y cínicamente practicado del auto- correspondiente».

Así, pues, «auto-» y «anti-», delante de cualquier elemento lingüístico bien conocido, son las dos caras del concepto expresado por este elemento, ya se trate de una raíz simple o de múltiples raíces en composición.

3. «Meta-» es un prefijo griego que significa habitualmente «más allá de, fuera de,...»

4. Schmandt-Besserat, Denise. «El primer antecedente de la escritura», a Investigación y Ciencia núm. 23, agosto 1978.

5. Un imperialismo es un imperio desviado de su vocación política originaria —que es en favor de todos los miembros de la comunidad— por causa del dinero anónimo, corrupto y corruptor, luego «antipolítico», porque vicia el legítimo «mando social» en «poder inmoral de algunas personas sobre todas las otras personas».




1a edición: Barcelona, 11 de septiembre de 1983. Centre d'Estudis Joan Bardina

2a edición: Barcelona, 19 de julio de 1996. Escola Finaly

3a edición: Barcelona, 24 de noviembre de 2008. Escola Finaly

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