Un instrumento para construir la paz

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Un instrumento para construir la paz

Agustí Chalaux i de Subirà

Colección: Bullae 1 - 3a edición: Barcelona 24 de abril 1997

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1. Introducción
2. La moneda y la telemática, dos instrumentos al servicio de ¿quién?
3. La moneda como unidad abstracta de medida
4. La moneda como mercadería concreta, con valor intrínseco
5. Posibilidades de la factura-cheque telemática
6. Conexión entre moneda anónima e imperialismo belicista


1. Introducción

Los nobles ideales de Paz, Libertad y Justicia en el mundo, han de encontrar unas estructuras culturales, económicas, sociales y políticas para encarnarse y desarrollarse.

Desde la no-violencia inteligente y activa, luchar para conseguir estos ideales, no puede consistir únicamente en actitudes de denuncia de la injusticia, de la opresión y de la guerra. La no-cooperación y la desobediencia civil nos han de llevar a un programa constructivo, a una alternativa concreta.

Una lucha exclusivamente «anti» alguna cosa, sin un marco global alternativo de referencia, resulta a menudo estéril. No parece que por la sola confluencia de muchos grupos que llevan a cabo luchas puntuales (pacifistas, ecologistas, feministas, antimilitaristas, naturistas,...) se configurará un movimiento alternativo, capaz de crear un nuevo modelo global de sociedad.

Tampoco parece suficiente el anuncio de un nuevo tipo de valores, de pensamientos, de relaciones, para construir una nueva civilización. El cambio cultural y de mentalidades es importantísimo, pero sin unas estructuras que las potencien, se limitan tan solo a pequeñas minorías, desligadas a menudo del nivel de concienciación general.

En la polémica entre ideales y estructuras podemos recurrir al símil siguiente: los ideales son la energía y las estructuras son el motor. Es preciso que los ideales hagan funcionar las estructuras. Pero es evidente que son precisas estructuras que no atropellen a los ideales, sino que los ayuden a desarrollarse en la práctica inmediata y diaria.

En la búsqueda de esas estructuras necesitamos analizar los fenómenos que las conforman. Podemos realizar una aproximación a dicho análisis por medio del «método científico experimental» mediante el cual podemos medir y, evidentemente, experimentar los fenómenos.

La aplicación de este «método científico pro-experimental» a los fenómenos —y no a las ideas— ha dado grandes resultados en física, química, biología, electrónica,... Estos resultados son empleados ideológicamente y afectivológicamente a favor o en contra de la paz, la libertad y la justicia, según los intereses subjetivos de los grupos que controlan el proceso científico y sobre todo el proceso de su aplicación técnica. Este proceso pseudocientífico principalmente subjetivo está siendo manipulado hasta tal punto, que estamos tentados a identificar dicha «ciencia-técnica» con la contaminación, el armamentismo, el control policíaco, la opresión,...

A pesar de estos aspectos ideológicos y afectivológicos tan negativos y amenazadores, no podemos negar que la aplicación del «método científico pro-experimental» sobre los fenómenos, permite objetivar la realidad, desligarla de las ideologías y resolver polémicas pseudofilosóficas que la deforman y que son también empleadas como instrumentos de poder.

Cuando un fenómeno puede ser observado, analizado, medido exactamente y experimentado, no existe científico alguno digno de tal nombre, que prefiera continuar tratando estos fenómenos con ideas preconcebidas, visiones idealistas o sólo con aproximaciones estadísticas. Este comportamiento, típico de las ciencias físicas y bio-físicas, es dejado de lado en general cuando lo que se quiere resolver son problemas económicos, sociales y políticos. Enfocamos la organización humana como se enfocaba la organización astronómica antes de Copérnico: «la Tierra es el centro del Universo», por definición!

No es suficiente con afirmar nuestros ideales. Muy a menudo son «etiquetados» como utópicos, sin analizar las causas por las cuales lo son. Es decir, no es suficiente con afirmar la paz, la justicia, la libertad, la sociedad sin clases, la anarquía, la solidaridad, la supresión del estatismo y de las estructuras militaristas, policíacas y administrativistas, del dinero oculto y del mercado negro, del machismo, de la contaminación,... Es necesario, junto a estos ideales, ver como se ha ido desarrollando el desorden actual, a lo largo de la evolución humana, y buscar las causas más importantes, generadoras de otros desórdenes. Es preciso encontrar medios fáciles y prácticos para aclarar estas situaciones de desorden, una por una, para llegar a que se muestren de forma transparente y, en su tiempo, a que se pueda desarrollar la madeja normalmente.

No es suficiente querer la revolución; es necesario saber como avanzar desde el presente, como incidir en las estructuras, contando con instrumentos concretos para resolver cada problema. Las tomas de poder, sin los mecanismos autodestructores del poder, lo perpetúan. Las revoluciones violentas, quedan tarde o temprano atrapadas en sus crímenes y consecuencias. Las posiciones simplistas de clase, ideológicas o afectivológicas fuerzan una visión idealista de la realidad, que destruye mucha sabiduría y riqueza acumuladas a lo largo de los siglos por la humanidad.

Una revolución no-violenta activa e inteligente, es hoy una posibilidad, pero ha de ser una revolución abierta, no sectaria, que ayude a crear nuevas reglas de juego instrumentales, sin necesidad de sangre y fuego para imponerse. Para emprender el camino de acabar con la miseria y el ilegítimo poder sobre y contra las personas, se necesita ofrecer a los pueblos unos procedimientos prácticos que den resultados rápidos de solidaridad y autopacificación y que generen un optimismo sensato y una elevación de espíritu.

Con este propósito, muy brevenente, sugerimos algunos de los puntos que consideramos fundamentales para avanzar concretamente hacia la paz, en libertad y con justicia.


2. La moneda y la telemática, dos instrumentos al servicio de ¿quién?

De todos los fenómenos humanos, los relacionados con la producción y la distribución de bienes útiles para la vida, son los determinantes de gran parte de las relaciones sociales. La búsqueda de la máxima claridad en el mercado y en la sociedad y de la real responsabilidad personal de cada agente mercantil y social es uno de los objetivos básicos de cualquier propuesta económica, social y política.

En el reino de «hecha la ley, hecha la trampa» y de «quien tiene la información tiene el poder», el materialismo histórico nos muestra que es preciso buscar unos instrumentos concretos, que hagan posible esta claridad documentaria y responsabilidad personal en el mercado y en la sociedad, sin las cuales todo cambio está condenado al fracaso: se perpetúan el poder sobre las personas y la miseria por razón de dinero anónimo, impersonal e irresponsabilizante, multicirculante y por consiguiente anticontable y antiestadístico, en definitiva anticientífico; resumiendo radicalmente desinformativo.

Existen hoy en día dos instrumentos especialmente importantes para el objetivo más arriba indicado: la moneda y la telemática (tele-in-for-mática o sea in-for-mática a distancia, con numerosas redes especializadas, cada dia más y mejor interconectadas, con potenciales globalística y cibernética que estan casi iniciadas e indefinidamente perfectibles). Abreviando: telemática.

La moneda es un instrumento inventado hace más de 10.000 años, para facilitar de manera supertransparente los libres cambios interpersonales de bienes utilitarios; hace sólo unos 4.500 años que es utilizado para mantener indefinidamente la oscuridad informativa del mercado y de la sociedad; permite el anonimato, la irresponsabilidad y la corrupción, y es la base del ilegítimo poder oculto y estatista sobre y contra las personas, llamado «plutarquía». La moneda no ha sido valorada en los últimos siglos cono instrumento decisivo para una clarificación y responsabilización del mercado y de la sociedad. Es en la actualidad, y a través de un instrumento inerte como la telemática, que puede adquirir su verdadera dimensión.

La telemática se está llevando a la práctica como un instrumento de poder y de opresión sobre y contra las personas, sobre la base de un monopolio del saber, concentrado en los «bancos de datos». Las posibilidades de la revolución de la «informática interconectada» son impresionantes tanto para la libertad como para la opresión. Una simple oposición «antiinformatica» no detendrá su expansión, ni impedirá, de hecho, el monopolio de la información en mano de los poderes establecidos y contra el pueblo.

En tanto que instrumentos inertes, la moneda y la telemática pueden ser redefinidos de sus funciones actuales al servicio de los poderes ocultos, con el objeto de que se conviertan en instrumentos eficaces al servicio de los pueblos:


1. Sustituyendo «la actual moneda anónima» por la «factura-cheque telemática».

La moneda anónima permite el juego sucio a los grupos de corrupción, de poder, de presión, de represión,...; favorece los actos ilegales y es desinformativa, con todos los efectos antisociales que esto genera.
La «factura-cheque telemática», es un documento único, escrito manual o electrónicamente, que informa exhaustivamente de cada acto mercantil elemental y personaliza los agentes de la «compra-venta» efectuada, responsabilizándolos.
La «factura-cheque telemática», en cuanto a factura, registra, con todos sus parámetros de calidad y cantidad, la mercadería elemental intercambiada y su valor monetario, así como el total facturado. En cuanto a cheque, da la orden de pago para la transferencia entre cuentas corrientes.


2. Socializando toda información monetaria-telemática del mercado, exceptuando las referencias personales.

La «factura-cheque telemática» permite una intracontabilidad total. La socialización de toda la información telemática del mercado, al servicio y al alcance de todos, permite un exhaustivo procesamiento analítico-estadístico que posibilita una lúcida estrategia económica y un tratamiento de «ciencia experimental» a los fenómenos económicos.


3. Protegiendo la privacidad individual, familiar, empresarial e institucional por una Justicia, realmente independiente del Estado, única responsable del archivo telemático personalizado.

El «ministerio» de Justicia es un ministerio sobrante, a través del cual se ejercen «presiones» contra los Jueces y Magistrados que quieren ser fieles a su vocación de independencia. Como con secuencia, la «burrocracia estatista» utiliza la información telemática para la represión fiscal y policíaca del pueblo, sin que éste pueda protegerse.
La Justicia, real y presupuestariamente independiente del Estado, no siendo corruptible a través del dinero anónimo y teniendo que dar las sentencias omnidocumentadas y motivadas, puede convertirse en un elemento de confianza para toda la población y para la clarificación de conflictos.

A modo de índice, exponemos a continuación algunos de los elementos importantes del ensayo hecho, y de las propuestas que de él se derivan:


3. La moneda como unidad abstracta de medida

En las sociedades en que, debido a la complejidad y tipo de relaciones productivas intercambian bienes útilitarios, aparece el mercado: lugar de intercambio de mercaderías.

En la medida en que el mercado crece, es necesario hacer equivalentes los intercambios de mercaderías: aparece la moneda primitiva como unidad abstracta de medida que al ser asignada libremente, entre dos libres personas contractantes (comprador y vendedor) a cada mercadería elemental da en el mercado el valor de los precios, de los salarios y del dinero. (Las últimas investigaciones sobre el origen de la escritura en Asia Sudoccidental documentan, a partir del 8500 a. C., la existencia de instrumentos monetarios sin valor intrínseco, que servían para medir el valor de los intercambios, especificar las mercaderías y, progresivamente, personalizaban a los agentes del mercado. Véase «Investigación y Ciencia» número 23, agosto 1978: «El primer antecedente de la escritura», Denise Schmandt-Besserat [2] y número 91, abril 1984 «Números y medidas en los primeros documentos escritos» Jöran Friberg).

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Bulla

Las bullae eran durante los milenios V-IV a. C. lo que hoy llamaríamos «factura-cheque» (albarán conformado, factura aceptada y cheque extendido por el cliente); eran unes bolsas de arcilla, mas o menos esféricas, llenas de diferentes figurillas de barro como moneda representativa, y selladas en el exterior como símbolo de las transacciones comerciales, en el contexto de un complejo sistema de contabilidad, y que podemos considerar como el antecedente de las famosas tablillas cuneiformes, y por tanto de la escritura. Según todas las enciclopedias, el Templo rojo de Uruk, el banco sumerio mas antiguo por ahora que conocemos arqueológicamente, tiene archivos bancarios completos durante 200 años (3400 a 3200 a. C.).


4. La moneda como mercadería concreta, con valor intrínseco

Hace unos 4.500 años la moneda pasa a ser una mercadería concreta, con valor intrínseco —oro, plata, cobre,...—, y pierde su carácter de unidad de medida totalmente abstracta, documentalmente personalizadora. En tanto que «tercera mercadería concreta», la moneda metálica se ha mostrado escasa para hacer frente a un mercado casi siempre en expansión, y ha influído negativamente sobre las posibilidades productivas y sobre la capacidad de consumo y de inversión; por su anonimato consustancial, ha permitido el juego sucio, la corrupción, el robo, la falsedad, el poder oculto... que la historia de los últimos cuatro mil años hasta hoy nos documenta.

Las necesidades de financiación de la guerra de 1914, forzaron a desvincular la moneda del oro y de la plata. Los billetes de banco fueron declarados de curso forzoso, inconvertibles. La moneda pierde entonces su valor intrínseco y a lo largo del siglo se desmaterializa progresivamente. La desconfianza que produce esta nueva forma inflacionista de dinero, influyó en la depresión de 1929: para resolverlo, los Estados se lanzaron a una creciente militarización, a un desorbitado armamentismo... y finalmente a la segunda guerra mundial.

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Richard M. Nixon

En agosto de 1971, Nixon toma la decisión unilateral de desvincular el dólar del «patrón oro» (gold exchange standard). La crisis económica, así provocada, se dispara a partir de 1973: parecidas causas inflacionistas están produciendo los mismos efectos.

La moneda, cada vez más, se está transformando en dinero bancario escriptural (anotaciones en cuentas corrientes, últimamente simples impulsos electrónicos), pero a pesar de haber perdido totalmente su valor intrínseco, continua permitiendo gran parte del anonimato y de la desinformación, la despersonalización y la irresponsabilización de todos los agentes del mercado y de la sociedad.

La irracionalidad de los actuales sistemas monetarios imposibilita captar todas las características o parametros de cada cambio elemental de una(unas) elemental(es) mercadería(as) concreta (as) contra unas unidades monetarias radicalmente abstractas. No permite, por consiguiente, conocer exactamente (ex-actis) qué pasa en la macroeconomía real. Esta falta de captación exacta de cada fenómeno elemental impide aplicar cualquier teoría económica con el rigor de ciencia experimental. Las aproximaciones estadísticas, basadas en datos parciales, resultan una suma de errores acumulados. Los métodos aproximativos quedan abandonados en cualquier ciencia cuando es posible tecnológicamente la captación exacta y exhaustiva de cada fenómeno concreto elemental.


5. Posibilidades de la factura-cheque telemática

La racionalización de la moneda y el dinero supone la desaparición legal de todos los billetes de banco, piezas de moneda, talones, letras, ..., actuales, todos ellos al portador, anónimos, multicirculantes, y por consiguiente desinformativos, despersonalizados e irresponsabilizantes; permite su sustitución legal exclusiva por lo que se ha denominado anteriormente «factura-cheque telemática»: esta, muy al contrario, radicalmente unicirculante, personalizada, responsabilizante e informativa.

La «factura-cheque telemática» permite una fácil legislación que garantice el cobro en todos los casos de insolvencia, así como la recaudación automática de un único impuesto de solidaridad social, más rentable que los complicados y costosos sistemas fiscales actuales.

Insistimos: de la personalización que comporta la «factura-cheque telemática» como única moneda legal, se deriva la responsabilización personal documentada de los actos libres en el mercado y la sociedad. Se pueden establecer los mecanismos legales para lograr que el dinero mercantil1 no se transforme en poder antipolítico; el saber liberal no se transforme en poder antisocial; las estructuras de mando no se transformen en poder sobre y contra las personas individuales, sociales o nacionales.

Con la información completa de la economía y la simplificación fiscal consiguiente, se puede suprimir rápidamente, con un salario gratuito mínimo de solidaridad social, la miseria provocada por la falta de dinero de consumo, como primer paso para suprimir las clases por razón de dinero y las miserias culturales que se derivan.

La «factura-cheque telemática» como única moneda legal permite la intra-contabilidad global exacta de la sociedad, ya que la información de cada cambio elemental de mercado se introduce en la red telemática. Así se puede evitar el «desorden capitalista actual» y la imbécil «planificación» centralista, debido al hecho de que la información dineraria está socializada, es decir, al alcance comprensible y gratuito de cada ciudadano. («Socialización» es, por tanto, la situación contraria a «estatalización» o monopolio desinformativo por parte del estatismo desgraciadamente todavía imperante).

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Karl Marx

Parece evidente que con la información que ofrece la «factura-cheque telemática» se pueden llenar fácilmente y con datos exactos las «tablas de Leontiev», instrumento muy preciso para guiar eficazmente la estrategia del mercado y de la sociedad2. También podrán ser formuladas con precisión y sometidas a experimentación las hipótesis del «bien común mercantil» de Platón; de «la plusvalía (privada de cada empresa y comunitaria del mercado global)» de Karl Marx; y sobre «el factor residual» de los economistas contemporáneos. En caso de confirmación experimental continua, «el bien común» podrá partirse y distribuirse equitativamente al servicio de todo el pueblo en forma de salarios gratuitos de solidaridad social para el consumo y de créditos comunitarios para la inversión reproductiva.

Este cambio instrumental de la moneda y el dinero es hoy técnicamente posible. De cara a la población no es más complejo que el cambio que supuso la implantación del «sistema métrico decimal». El hecho de que este cambio no se haya planteado antes, no sólo depende de que hoy, —y sólo hoy— es tecnológicamente posible, sino de los beneficios ilícitos que ha generado hasta ahora y continua generando a los banqueros y otras personas, individuales y colectivas, que, desde hace 4.500 años de mercado con moneda anónima, conocen y ejercen «la creación y apropiación privada ilegítima de dinero comunitario».

La dinámica tecnológica está, con la telemática, haciendo de la moneda bancaria un documento de cuenta abstracta. Pero mientras no se suprima el anonimato de este documento dinerario, el juego sucio está garantizado. Además, actualmente, la información que permite la telemática se emplea para el control fiscal y policíaco, y queda reservada sólo a los núcleos «burrocráticos» del poder estatista y a los núcleos plutárquicos del poder oculto del dinero anónimo.

Quien tiene la información hoy dia tiene el poder. Es preciso establecer unas nuevas «reglas de juego» para conseguir que todo el pueblo tenga acceso gratuito a toda la información macroeconómica exacta de la entera sociedad (mercado y liberato). Es preciso girar el uso de la telemática para evitar una de las peores tiranías de la historia: la del «estatismo telemático».

Detener la revolución telemática, globalística y cibernética es casi imposible, pero sí que es posible plantear un modelo alternativo en que la información de todos los fenómenos monetarios-dinerarios elementales esté al servicio de todos los miembros de la comunidad geopolítica. Es necesario que la red telemática y su información sobre las personas no dependa de un estatismo anónimo, «burrocrático», despersonalizado e irresponsable, sino de Imperio o Comunidad realmente geopolítica. El nuevo revolucionario Estado Imperial, gerente personalizado y responsable de cada comunidad geopolítica, únicamente puede conocer, como cualquier otro ciudadano, la información económica precisa para el «gobierno o cibernética de las cosas», pero no tiene ningún control de la información personal de los actores sociales del mercado y del liberato, la cual queda como «secreto profesional» exclusivamente en manos de una Justicia realmente independiente del Estado.


6. Conexión entre moneda anónima e imperialismo belicista

Sin «los pies de fango» de la moneda anónima se podrá ir estudiando y resolviendo eficazmente, uno por uno, todos los conflictos internos: el paro, la inflación, la inseguridad ciudadana, el centralismo, la contaminación, los servicios públicos, ...

Sólo una intraconfederación libre de todas las etnias de un Imperio histórico o naciente3 puede conseguir la pacificación de la comunidad geopolítica federada. Sólo con la supresión de la miseria en libertad se pueden pacificar los conflictos sociales. Sólo a partir de un equilibrio del comercio entre las comunidades imperiales, sin imperialismos ni dependencias colonialistas, se puede conseguir avanzar en la paz mundial.

La polémica entre «libertad» y «justicia» o entre «países pobres» y «países ricos» no será resuelta con posiciones ideológicas ni discursos. Según nuestra hipótesis, cualquier intento de crear estructuras sociales potenciadoras de la solidaridad en libertad, que no tiene en cuenta la importancia decisiva de la moneda como instrumento informador y responsabilizador, degenera rápidamente en poderes ocultos incontrolables por el pueblo y en jugadas especulativas antipolíticas del actual mercado internacional que frustran cualquier intento de cambio.

Esta hipótesis parece documentada en un hecho curioso: las últimas investigaciones están demostrando que la guerra no es un hecho connatural a la especie humana, sino un invento tardio que no va más allá de los 13.000 años. Las «ciudades-imperio» de Asia sud-occidental consiguieron una fuerte inexpugnabilidad en sus murallas que les dió una cierta pacificación durante casi 6.000 años. Es justo en este periodo que se desarrolló, como hemos visto, la moneda de cuenta abstracta, informadora y responsabilizadora.

El hecho curioso, reside en la coincidencia de fechas entre, de una parte, la aparición de la moneda concreta de oro, plata y cobre por definición multicirculante y anónima, y de otra parte, la aparición del primer Imperialismo: este fué el akkadiano-babilónico que, sin tener las armas ofensivas necesarias para derribar las murallas, vencio rápidisimamente, por traición comprada con dinero anónimo, y anexionó, más rápidamente aún, una por una, todas las libres «ciudades-imperio» de Sumer. Akkad-Babilonia se convierte así en el símbolo de la traición, de la corrupción y de la prostitución anónima pagada con oculto dinero anónimo y del poder ilegítimo y antisocial sobre y contra las personas, fundamentado en el mismo dinero oculto y anónimo: estas són las caracteristicas historicas de todos los imperialismos posteriores hasta la fecha de hoy.

Esta conexión entre moneda anónima e imperialismo belicista es una hipótesis histórica que sólo podemos poner a prueba y experimentar si volvemos a la primitiva, pero telemáticamente actualizada «factura-cheque»: los resultados sociales que se podrán obtener a medio y largo plazo, —desaparición o no de los imperialismos, progresiva pacificación o no de los pueblos, desaparición o no del robo, de la corrupción, de la miseria, de la guerra...— serán la confirmación o no confirmación de esta hipótesis.

En momentos en que la gravedad de los peligros nos lleva a menudo al activismo, saber hacia donde concentrar los esfuerzos depende de una visión más real de los fenómenos y de una estrategia adecuada: «La mejor práctica es una buena teoría».

Estas propuestas no son una utopía en cuanto a posibilidades técnicas actuales. Lo son de momento como posibilidad política. Cada sociedad, cada comunidad ha de hacer una crítica y ha de estudiar la aplicación concreta a su realidad cultural, técnica, económica y política. Es la energía íntima de los pueblos que puede hacer posible los cambios necesarios, pero es preciso saber en qué instrumentos puede concretar la energía popular sus deseos e ideales. Aquí proponemos algunos.

Esta es nuestra humilde aportación a la búsqueda de estructuras y medios que nos permitan, en este momento histórico, avanzar un poco más hacia la paz, en libertad y con justicia.



Notas:

1. La habitual expresión «mercantil» corresponde a «mercante-monetario».

La expresión «mercante» corresponde a «utilitario-canviario».

2. La sociedad se compone de «mercado» y «liberato».

El «liberato» comprende «el conjunto de las personas liberables» y «el conjunto de los vocacionales liberales, profesionales y asociativos, al servicio altruista y desinteresado incondicional de cualquier miembro de la comunidad considerada, necesitado de ayuda social».

3. Imperio naciente: por ejemplo, la Europa 1997-...




1a edición: Barcelona 1 de julio 1984. Centre d'Estudis Joan Bardina

2a edición: Barcelona 6 de diciembre 1996. Escola Finaly

3a edición: Barcelona 24 de abril 1997. Escola Finaly

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